lunes, 6 de abril de 2009

Dos fragmentos que deseo compartir con ustedes

Dos fragmentos de Las Brumas de Destino

Las brumas.

Fran no había logrado conciliar el sueño con facilidad, largos minutos se quedó mirando el techo y pensando. Tratando de revivir lo que había pasado en esa noche, que para él tanto significaba. La noche deseada, aquella en que la ambigüedad no había tenido lugar, aquella en que las cosas fueron como siempre debieron ser. Repasó uno a uno los momentos vividos, quiso besar nuevamente cada beso, trató de acariciar nuevamente cada caricia, de captar cada mirada , cada sonrisa . Hasta que el sueño lo fue atrapando, sumergiéndolo en las profundidades de sus aguas mansas.
Su cuerpo se fue relajando, hasta descansar lánguido en el silencio acogedor de su cuarto. La voz de su madre y de su hermana conversando animadamente en la cocina , lo volvieron a la realidad, cuando la hora de la siesta promediaba. Fue cuando vio aquello por primera vez. La bruma. La bruma que ocultaba el piso de su cuarto, cómo si hubiera despertado en una ciénaga , como si su cama flotara en el miasma nauseabundo de un pantano , las voces familiares se alejaron hasta convertirse en un murmullo ininteligible , sintió frío, mucho frío. Apretó sus párpados, con ambas manos cerradas y reabrió sus ojos. Una súbita oscuridad lo invadió todo, fugaz. Luego todo volvió a la normalidad, Fran pensativo se quedó sentado al borde de la cama unos instantes. Convencido de que solo se trataba de un sueño tardío se dirigió a la cocina.
La tarde transcurrió con normalidad, pero de a ratos pensaba en aquello, alejándolo de su mente de inmediato, con la imagen de Ami. Su ángel de la guarda.



La Colilla

Matías se despertó taciturno, se arrojó agua en la cara con violencia, comió en silencio. Sin contestar las preguntas de sus padres, sobre su estado de ánimo . Luego salió a caminar por el Paseo de los Puentes, sentándose en un banco de cemento , inmerso en su rabia. Impotente y furioso.
-¡Pendejo de mierda, hijo de re mil putas!- dijo en voz baja para sí. Unas lágrimas cayeron por sus mejillas, pero no lágrimas de pena, lágrimas de odio. Un secreto deseo de venganza se instaló en su pecho, como una colilla encendida en un bosque reseco.
Chispa primordial de terribles incendios.

3 comentarios:

  1. Buenísimos fragmentos. Invitan a seguir leyendo...
    Gracias por tu visita. Nos seguimos leyendo.

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  2. Marianela Alegre7 de abril de 2009, 6:46

    Tengo tus novelas, lase he leído, aunque hace mucho tiempo. Me las hiciste llegar con mi hermana Marina Alegre. Recuerdo que son buenos trabajos, en el momento intenté contactame con vos, muy diferentes uno de otro.
    Será un gusto visotar tu sitio.

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  3. ... Matias arrojándose agua en la cara con violencia... una tormenta gestándose que dará luego paso a un inevitable incendio en sus profundidades.
    Un texto breve y concreto,que dice exactamente lo que quiere.
    Te sigo leyendo y comentando.
    Un abrazo
    -Martirio-

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