martes, 8 de septiembre de 2009

Fragmento para compartir Las Brumas del Destino

La caída.

A lo lejos logró vislumbrar la salida, oscuras figuras aparecían y desaparecían. Marchándose hacia los confines de su campo visual. Palpó la rugosa superficie de la pared a su lado, tratando de buscar un punto de apoyo. Un puerto, aunque sea precario, en aquella tempestad de los sentidos. Logró avanzar unos pasos. Bruscamente el piso se levantó hacia él, golpeándolo en la frente y la nariz. Luego permaneció vertical como una pared impidiéndole continuar. Recordó el camino cubierto de hierbas que avanzaba entre hileras paralelas de viejos paraísos, con sus rugosos troncos , socavados, con secretas oquedades y cubiertos de protuberancias ,cómo cúpulas abolladas, que les daban una pátina de antigüedad, parecían impregnar el aire de misterios olvidados, de fuerzas que a través de ocultas puertas al pasado, retornaran del ayer. Manos lo asían por los hombros y trataban de tirarlo hacia atrás , él se aferraba como un gato, a la pared piso. La tarde de invierno era recorrida por ráfagas impregnadas de una fina llovizna que le azotaba el rostro mientras caminaba. La casa se recortaba sobre las nubes grises , rodeada de casuarinas , flanqueada por un viejo molino de viento herrumbrado y por un galpón de chapas de zinc que milagrosamente se sostenía en pie. El frotaba sus manos por el frío, al marchar con zancadas dubitativas por el largo sendero. El jinete lo cruzó al paso en sentido contrario, parecía más joven que él, la cabeza cubierta por un gorro de lana negro que le cubría hasta la mitad de las orejas y le disminuía la frente hasta convertirla en una pequeña franja de piel sobre las cejas negras y nutridas. El cuello polar rojo le cubría la boca y la campera impermeable del mismo color envolvía su cuerpo con holgura, sus ojos parecieron sonreírle, como sonríen los rostros. Las manos lograron girarlo, ese gusto, ese gusto comenzó a invadirlo, deslizándose tibio por su boca. ¿Por qué reía? Porque si bien no podía ver sus labios su rostro reía. Las arrugas de los ojos hacían presentir la sonrisa, al igual que las pequeñas arrugas perpendiculares a la nariz. ¿Por qué reía? Cabalgando en aquella tarde desapacible , penetrado por las heladas partículas de agua, en un paisaje que anunciaba pantanos y barriales. Los paraísos comenzaron a quedar atrás reemplazados por casuarinas plantadas de forma intercalada, formando en conjunto una guarda griega. Cada una enfrente tenía un espacio vacío y sin embargo formaban un conjunto perimetral adecuado. Giró la cabeza par ver al jinete que ya trasponía la tranquera en el otro extremo del sendero, doblando hacia el norte hacia el puente del arroyo Malo.
Donde al atardecer, según relatan, se encienden los árboles, devorados por llamas inmateriales y los caballos se rebelan sin atreverse ha trasponerlo hasta la llegada del nuevo día , pues en esas horas entre el crepúsculo y el alba, el lugar es de las ánimas en pena que se reúnen sobre la calzada y se sientan en sus barandas. Poco a poco, solo un punto rojo acercándose a aquel lugar encantado. ¿ Por qué reía?
El gusto comenzó a bajar por su garganta. Sombras se movían delante de sus ojos, indefinidas, borrosas, emitiendo sonidos ininteligibles, el frío lo comenzó a sentir en la frente , un frío de color blanco, un frío que todo lo transformó en una mancha blanca que apenas dejaba ver en sus contornos las figuras difuminadas. Un frío que caía en pequeños torrentes sobre su pelo, como el gusto en su garganta. El frío y el gusto. Comenzó a toser, todo su cuerpo se convulsionaba con la tos y las manos volvieron a girarlo dejándolo de perfil a la pared piso. El gusto comenzó a volver hacia sus labios, entibiando el interior de sus mejillas , los bordes de la lengua. Solo un punto rojo , era ya el jinete que apenas se divisaba , avanzando como en una línea ondulada, una sinusoide que se bordaba sobre los paralelos hilos del alambrado. Acercándose cada vez más al lugar fatídico, pero con varias horas de luz aún. La casa flanqueada por el viejo molino se agrandaba poco a poco, ahora se podía distinguir un pequeño cerco , seguramente de alambre tejido, cubierto aparentemente por trepadoras y un arco de medio punto sobre un pequeño portón de caño y malla cima.

3 comentarios:

  1. increíblemente hermoso!!!
    le das vida al relato... tus sombras se mueven el él, los arboles respiran... y esa forma tan poética y descriptiva de mostrarnos tus paisajes... reamente me maravilló!!

    gracias, tu lugar está entre los blog de mi preferencia,

    beso!!

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  2. Qué buenas imágenes!! tan vívidas, tan precisas y perfectas, como el dibujo del bisturí sobre la piel.

    Un abrazo

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  3. Copadisimo el cuento Gustavo, realmente muy bueno.
    Se puede vivir cada imagen y viajar por cada uno de los parrafos.
    Sublime, nos estamos leyendo.
    Abrazo!

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