jueves, 28 de abril de 2011

Los dos Nicolás

No, no le falta ninguna coma al título. Me refiero a dos individuos llamados Nicolas. Podría haber usado el plural del nombre (casi escribo prural me traicionaron las ciencias biológicas) pero dudé entre el académico Nicolaes o Nicolases como diría mi tía. Además ambos plurales traen una reminisencia a última junta militar de la dictadura. Por eso escribí Los dos Nicolás.  ¿Quiénes  son estos dos ignotos personajes a los que me refiero?  Pues son dos coterráneos que como una gran cantidad de sus colegas viven permanentemente o gran parte del tiempo allende el Paraná, en la cuna de la Bandera.  Además, como muchos nogoyaenses a falta de casino o en su defecto un buen bingo, se dedican a escribir. Por último, y no menos importante(para recurrir a la infaltable muletilla), publicaron en este mes sus libros. Nicolás Enrique, autor de Noche Mutilada(2008) quien ahora publica su nuevo libro de cuentos: "Crimenes, Viajes, Gente" ,editada por Reloj de Arena, que se presentará en la Biblioteca Fermín Chávez de Nogoyá el 13 de Mayo a las 21hs (realizaré un aporte a la misma) y Nicolás Sindich quien publica su primer obra: "Futuro,Pasado y Ausente", una novela de ciencia ficción editada por Dunken, que se presentará en Rosario, en el bar El Muro de Buenos Aires  916, el 16 de Mayo a las 20hs. Espero aportar tambien algo en esta presentación.
Me llenan de alegría estos dos jóvenes amigos, y les deseo el mayor de los éxitos.

sábado, 23 de abril de 2011

lunes, 18 de abril de 2011

Los Blogger que aceptan solo "invitados". La contracara de la amplitud.

El ex presidente Hipólito Irigoyen fue derrocado por el primer golpe civico militar de la Argentina en 1930,  encabezado por un protofascista llamado Uriburu que era secundado por lo más granado de la oligarquía conservadora y reaccionaria. Todos sabemos como siguió esa historia.  Cuenta la leyenda, que al anciano presidente Irigoyen, el primero elegido por el voto universal en la Argentina, le escribían en los sótanos de la casa de gobierno, un diario "el diario de Irigoyen" según afirman sus detractores, que solo informaba cosas positivas. En fin, cierto o no, el ejemplo vale. Algunos de los blogs que sigo, y nobleza obliga, de los más interesanes y bien escritos, no permiten más leer su contenido sin no se está "invitado". Respeto esa decisión de sus responsables y por lo tanto en este momento los dejo de seguir. Conciente que no reúno las condiciones para pertenecer a ese círculo exclusivo. En fin, siempre consideré que este tipo de herramientas  sirven en la medida que se permita  una discusión amplia, y para eliminar los soeces, estúpidos o agresivos, basta con  activar la moderación de comentarios. Si solo discutimos con nuestros "invitados" nos pareceremos a los "salones" que tan bien describe Proust en su "A la Búsqueda del Tiempo Perdido", pletóricos de complacencia e hipocresía. Seguramente mi opinión es una exageración, lo se, me gustan las hipérboles.

viernes, 15 de abril de 2011

Versos de Juanele para ustedes.

Lo que se transcribe a continuación, fue extraido de Antologia de Poesía Argentina, cuya editora responsable es Ketty  Alejandrina Lis.



Juan Laurentino Ortiz, nacido el 11 de junio de 1896 en Puerto Ruiz, Departamento de Gualeguay, Provincia de Entre Ríos, escribe en el poema "Deja las letras", de su libro "De las raíces y del cielo":

"El sol ha bebido sus propias perlas
y hay apenas de ellas una memoria por secarse...
No temas, no temas, y mira, mira hasta las islas...
¿Viste alguna vez la melodía de los brillos?
¿La viste ondular, todavía de gasa,
desde tus pies al cielo, sobre el río?"


también está bien lejos de describir un paisaje. Apenas si se apoya suavemente en él, lo hace penetrar en su corazón y lo transforma en poesía. Una poesía de esplendorosa espiritualidad donde convive su decir siempre delicado y leve con una infinita piedad hacia la condición humana.

Para que su poética sea a la vez completamente localista y absolutamente universal, Juan L. Ortiz no necesitó viajar demasiado a lo largo de su vida. El complejo recorrido por sus senderos interiores, poblados de "cielos que se cerraban sobre un monte lleno de largos brazos negros y miradas lívidas" que había comenzado en Gualeguay, continuó en Mojones Norte, enclavado en plena selva de Montiel donde su padre fue capataz de estancia, continuó luego en Villaguay para regresar, a los diez años, a su amada Gualeguay.

Entre estos pocos kilómetros, sin embargo, se fue conformando un niño contemplativo inclinado a la soledad, actitud que se constituirá en una de sus marcas indelebles. Tanto, que a pesar de recordar con afecto sus escapadas a Buenos Aires, de la que rescataba la bohemia de una pobreza enriquecida por sus estudios libres en Filosofía y Letras, las clases de literatura en la Universidad de La Plata, su relación con algunos amigos entrañables y, sobre todo, la lecturas de poetas que le fueron abriendo su propio camino, nunca pudo soportar el movimiento vertiginoso y agitado de la gran ciudad.

Era dueño de una formación literaria envidiable. Rilke, Juan Ramón Jiménez, Antonio Machado, Mallarmé, Pound, Eliot, Maeterlinck, Tolstoi, entre una lista interminable de autores, fueron sus inseparables compañeros junto al sereno transcurrir del río Gualeguay. No obstante, o precisamente por ello , su primer libro "El agua y la noche", selección de poemas manuscritos, apareció recién en 1933, gracias a la insistencia de Córdoba Iturburu, César Tiempo y, especialmente, de su gran amigo Carlos Mastronardi.

En su segundo libro "El alba sube", publicado en 1937, no sólo el paisaje cobra mayor protagonismo sino que va afirmándose con más fuerza su despojamiento de las cosas materiales. Este desapego será uno de los pilares que le permitirá alcanzar el sello distintivo de una exquisita espiritualidad. En el poema "Hay entre los árboles" se pregunta:

"¿Hay entre los árboles una dicha pálida.
final, apenas verde, que es un pensamiento
ya, pensamiento fluido de los árboles,
luz pensada por éstos en el anochecer?"


Pero ha de ser en "Fui al río" de su tercer libro "El ángel inclinado" (1938), donde Juanele celebra con incontenible alegría su fusión con la naturaleza, la que ya nunca volvería a ser la otra parte de la ceremonia dialógica. Por fin, él era el río y el río era él.

"Regresaba
--¿Era yo el que regresaba?--
en la angustia vaga
de sentirme solo entre las cosas últimas y secretas.
De pronto sentí el río en mí,
corría en mí
con sus orillas trémulas de señas,
con sus hondos reflejos apenas estrellados.
Corría el río en mí con sus ramajes.
Era yo un río en el anochecer,
y suspiraban en mí los árboles,
y el sendero y las hierbas se apagaban en mí.
¡Me atravesaba un río, me atravesaba un río!"

miércoles, 6 de abril de 2011

Aniversario Superfluo

El 4 de Abril de 2011 este blog que "intentó" algo de literatura, cumplió dos años. Gracias a todos los que me acompañaron a lo largo de este tiempo.