jueves, 22 de septiembre de 2011

Un Cuento para ustedes: La Morsa Cuarta Parte

La Morsa  Cuarta parte


 La morsa se sacudió en un llanto desconsolado dobló el tronco hacia delante y comenzó a golpear la mesa con la frente. Nuevamente desee evaporarme en el aire, pero solo atiné a darle unas suaves palmadas en la espalda, mientras el amigo le decía algo al oído que no pude escuchar como consecuencia de sus estertorosos berridos.
 Raúl, el mozo, se acercó, pensando que quizás Domínguez  había sufrido un colapso y debía llamar a la Emergencia. Lo calmé con un gesto silencioso y volvió a la barra dando en su camino explicaciones al oído de otros parroquianos que evidentemente le preguntaban por la escena que se estaba desarrollando en  nuestra mesa
Lentamente Domínguez se incorporó, extrajo un pañuelo del bolsillo posterior de su pantalón , se secó las lágrimas y se sonó la nariz con estruendo.  Un matrimonio que se encontraba con sus dos hijos pequeños unas mesas a nuestra izquierda tuvieron que retirarse por el susto que los niños sufrieron ante lo visto, mientras franqueaba la puerta de salida la mujer nos miró con ojos de reproche, censores de nuestra conducta. Yo la miré con ojos que suplicaban misericordia y comprensión, al pasar junto a la vidriera la mujer tapó los ojos de sus hijos para que no nos miraran y prosiguió erguida su camino.
-          Eso es lo que hice, buscar asesoramiento  y me recomendaron que solicitara asistencia psicológica.- retomó el hilo de su relato más calmo, por lo menos en apariencia- bueno eso es lo que me llevó a conocer a Mariana.
-          ¿Mariana?¿Quién es Mariana? Vamos despacio, porque de lo contrario no entiendo nada. Vos te separaste de tu mujer, tuviste muchos líos por negarte a pasarle la guita para mantener tus hijos y después la conociste a Mariana. Aja.
Explícate un poco porque no entiendo nada.
-          Bueno es lo que trato de contarte- dijo mientras yo me atemorizaba pues
-          nuevamente sus ojos comenzaban a llenarse de lágrimas.- Mariana era la psicóloga que consulté. Viste como son las consultas. Tenía que ir a cada rato a hablar con ella. Me  preguntaba sobre toda mi vida. Y a la próxima vez de nuevo. Y así hasta que  me empezó a gustar.
-          ¿Te empezó a gustar la psicóloga? Pero vos estás mas loco de lo que yo pensaba. 
Como te vas a calentar con la psicóloga. Que clase de terapia vas a recibir. Supongo que la tipa te habrá suspendido las sesiones inmediatamente.
-          No, fijáte que no, no me suspendió ninguna sesión. Al  contrario me empezó a                    
dar  apoyo todos los días, y al final terminamos siendo pareja. Hermosa mina Mariana. Terminó no solo siendo mi apoyo psíquico y mi pareja sino mucho más terminó siendo mi asesora en todos los temas inherentes a mi divorcio incluso en los económicos. Ella y su hijo empezaron a ayudarme en todo.
-          A además Mariana tenía un hijo. Y grande se ve  porque para ayudarte en todo.
-          Si veintidós años.  Parecía un pendejo bárbaro. La verdad que con su ayuda no tuve que pasarle un mango más a mi mujer.
-          Ni a tus hijos- dijo Bermúdez
-          Y si tampoco a mis hijos- contestó mientras  nuevamente las lágrimas brotaban de sus ojos y yo temía un nuevo episodio de llanto desconsolado, que afortunadamente no ocurrió.- de todas formas mi mujer trabaja así que en realidad no necesita nada, todo lo hacía para romperme las bolas. Nada más que para romperme las bolas. Pero Mariana me asesoró.
-¿Mariana te asesoró? ¿La psicóloga? Que además era economista o abogada- respondió Bermúdez con un dejo de ironía
-No, ella entendía bastante y el pendejo era una luz-dijo  Domínguez mirando a su amigo con  ojos inexpresivos.-La cosa es que no le pasé un mango a la guacha de mi mujer. Hasta que se pudrió todo.
- Andá despacio, loco, que no entiendo nada. ¿Por qué se pudrió todo?
Te arrimaron nomás. Y era de esperarse. Vos tenés obligaciones que cumplir. No podes por capricho porque  te salga espuma por la boca, borrarte así como así. Me parece que no está bien lo que hiciste.
-Una fría y una caliente. No puedo sacarme de la cabeza ese asunto. Ellos están enojados conmigo. Y sabes algo tienen razón.
- ¡Bueno loco cortála ya con eso! Me parece que  vos tenés un mambo de aquellos.
- Es que cuando se pudrió todo-dijo la morsa terminando su tercer vaso de vino- cuando se pudrió todo ellos se enojaron conmigo. Por eso, vos no entendés
-¿Qué es lo que tengo que entender? Vos cagaste a tus hijos, te calentaste con la psicóloga y encima te hacés el bocho por una boludez. No se  que te pasa a vos, para mi que te estás poniendo en pedo.

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