martes, 13 de septiembre de 2011

Un cuento para ustedes:La Morsa Segunda Parte

La Morsa (2º Parte)


- Te escucho, si tenés ganas de contarme, te escucho. No te lo tomés así.  Simplemente no tenía idea  de que la cosa era tan grave.-contestó mientras miraba al mozo que había dejado nuevamente la bandeja en la barra y se había dirigido a atender otra mesa.
- Me sentí tan mal, como te contaba, que después de despedirme de mi hermana que se volvía a Concepción del Uruguay, me fui al cementerio. Aunque no lo creas, al cementerio, me fui al panteoncito donde están los viejos. Y no sabés lo que me pasó. Mirá por eso me vine acá y no me volví a Paraná.- dijo mientras se ponía de pie para dirigirse al baño. Lo miré bambolearse entre las mesas, como un gigantesco muñeco de gelatina vestido con vaqueros y  camisa cuadriculada.  Miré a Bermúdez, que me respondió a su vez haciendo un gesto de sorpresa arqueando las cejas y abriendo sus párpados en forma  exagerada.
-Ni enterado, que éste tenía tantos dramas sino no lo traigo para acá- me dijo- Palabra, loco, yo no sabía que  andaba con todo ese rollo, pero que puedo hacer, ya está-susurró mientras enfatizaba sus dichos con un gesto de manos abiertas perpendiculares a  la mesa.- Es el efecto de las jubiladas, no hay nada que hacerle.- agregó sonriente.
En ése momento el mozo tomó la bandeja con nuestras bebidas, que ya seguramente estaban añejas de tanto esperarlas, y se dirigió hacia nosotros.
-Por fin Raúl-dije.
-Discúlpeme es que justo vino el primo de mi novia a traerme un mensaje y me distraje.
- No pasa nada- le respondí sonriente.
-  A nosotros , señor, debe atendernos con  alta prioridad, porque somos los dueños de la verdad-intervino Bermúdez guiñando un ojo.
 En ése preciso instante se abrió la puerta del baño y emergió Domínguez subiéndose el cierre de la bragueta. Se dirigió directo hacia nosotros, y sentí la sensación que debe sentir un peatón que ve dirigirse hacia él un ómnibus urbano a toda velocidad mientras cruza la bocacalle.  Pensé hacia que lado debería arrojarme en caso de que aquella mole de grasa tropezará y cayera sobre nuestra mesa. Sufriríamos graves  politraumatismos por aplastamiento. Tenía que tener un plan ante una hipótesis de desastre. Afortunadamente nada de ello ocurrió y  la Morsa se sentó a nuestro lado haciendo crujir la silla. Tomó el vaso de vino y de un sorbo consumió un tercio.
Luego, sin solución de continuidad, retomó la palabra.
-Te contaba, después de  despedirme de mi hermana, me fui al cementerio al panteoncito donde están los viejos, compré unas flores en el puestito que está cruzando la calle, no se si vos te acordás del cementerio de Hernández,  pero bueno enfrente está el puestito de flores compré unos claveles y un par de gladiolos. Fui a colocárselo a los viejos , una especie de despedida. O mejor una especie de disculpas por haberle vendido, la casa .  Le coloqué las flores  y toqué las lápidas. Y ahí ocurrió. Se me heló la sangre. Podés creer la lápida de ella estaba caliente , la de él estaba fría. Como si uno estuviera enojado y el otro no. No supe que hacer me fui corriendo hasta el auto subí y me vine para acá. Enseguida pensé en vos que hace tanto tiempo que no te veo.
Una fría, una caliente.- quedó en silencio, en una pausa casi teatral mirándolo a Bermúdez, ya que para él seguramente yo había adquirido la calidad de invisible.
-Bueno  probablemente se deba a la posición del sol, o a los materiales, ¿son del mismo color?  Puede deberse a eso también.
- No las dos están en la sombra, son del mismo color y del mismo material. Están enojados conmigo. No existe ninguna otra explicación.- nuevamente se arrojó hacia atrás, volvió a subir y bajar sus bigotes.
Lo miré sorprendido y luego a  Bermúdez, que evidentemente realizaba un esfuerzo para mantenerse serio, acorde a las circunstancias.
-Una fría, otra caliente- repitió como una letanía  mientras dos lágrimas caían por sus mejillas. Y yo empezaba a sospechar que ésa noche no sería la más divertida.- Están enojados conmigo, no hay otra explicación. No encuentro otra explicación. Estoy desesperado. Terriblemente triste-continuó.

2 comentarios:

  1. Buenisimo Gustavo! me encantó este texto. Que bellos personajes que tenés, tan parecidos identificables con uno, o con un vecino... muy lindo.

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  2. Excelentes personajes y un texto excelentemente llevado. Entusiasma. Aplausos. Un abrazo.

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