martes, 24 de septiembre de 2013

El segundo pedazo de la ofensa.

La Ofensa (2º parte)


Claro! No me refiero a los nuevos relojes de circuitos impresos, me refiero al viejo sistema de la relojería mecánica. A esos relojes que solo constaban de  engranajes, coronas más grandes  y más pequeñas, o sea una precisión artesanal. Si ya se después llegaron los japoneses y todo lo transformaron. Porque creo que uno en esto debe ser medio artesano, no es cuestión de hacer las cosas a la que te criaste. Como dije antes, soy un tipo meticuloso.   Yo se que me critican por ser muy conversador, muy florido en el hablar. Dicen que le doy vueltas a las cosas y que cuando parece que estoy por terminar de hablar arranco de nuevo y a veces para  otro lado.  Me decía doña Lucía la de la librería que lo mejor es hablar lo justo. De forma telegráfica, lacónica.  Como en Esparta, economizar palabras, como si el lenguaje fuera finito. Como si la vida del hombre alcanzara para utilizar o para oír todas las combinaciones posibles de palabras. Es como diría mi tío Tito: hablás mucho y no decís nada.  Bueno entonces de ahora en más trataré de ser como dice doña Lucía, telegráfico, lacónico, iré al grano.
Yo estoy estudiando los movimientos de este sujeto porque pretendo emboscarlo.
Cortito y al pie. Tengo una ofensa por cobrarme. Mi plan es sencillo, un miércoles del mes de Junio, el 13 de Junio, podría ser. Miércoles es el día que se desocupa más tarde. Junio es el mes con los días más cortos. Se necesita oscuridad y pocos transeúntes para la emboscada perfecta. Además el 13 de Junio habrá luna llena y a pesar de la oscuridad deseo que reconozca mi rostro. Quiero que mi rostro, el rostro de su matador, sea lo último que vea Jesús María Arana, el del nombre ridículo. Que en el mismo momento en que yo le clave mi cuchilla, cuando lo esté levantando en peso  para buscar su corazón me mire y comprenda.

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