lunes, 28 de octubre de 2013

Treinta años después


Treinta Años después


Hace 30 años estábamos en vísperas de las primeras elecciones democráticas luego de los aciagos años de la última dictadura militar. ¡Por fin las urnas volverían a ser usadas! Esas mismas que un dictador alcohólico y cobarde dijo tener bien guardadas. Recuerdo con placer y añoranza aquella primavera democrática argentina. Esa de los sueños a flor de piel. Es que eramos aún adolescentes en esto de la democracia. Habían pasado 50 años de gobiernos militares y democracias tuteladas, por no decir permanentemente amenazadas por el partido militar y los grupos económicos. Con la única excepción del período del primer peronismo, que tuvo sus singularidades tambien.  Hace treinta años dimos el primer paso  el 30 de Octubre de1983, de  este camino que hemos transitado hasta hoy, donde gozamos de un sistema consolidado. Acertamos y nos equivocamos, pero siempre nosotros, bajo nuestra responsabilidad. Se acabó el miedo, el terror y la barbarie. Hoy somos una nación que busca su  norte,  discrepando muchas veces, pero unidos bajo el manto de la democracia. Hace treinta años, el 30 de Octubre, fue un gran día,  un día muy feliz.

jueves, 24 de octubre de 2013

Némesis.Fragmento

Va un fragmento de mi novela Némesis (aún inédita)



Inicio
Se colocó los anteojos con marco imitación carey que nuevamente están de moda y abrió su portafolio revestido de cuero claro. Extrajo ceremoniosamente una carpeta plástica, de esas que son transparentes por el anverso. El otro sorbe el café en silencio, su rostro denota expectativa. Años de trabajo dependían del sujeto, que seguía realizando gestos pausados, abrió lentamente la carpeta y dejó el portafolio al costado de la silla, del lado del salón, dejarlo del lado de la pared es ideal para olvidárselo. Se acomoda los anteojos con el índice de su mano derecha sobre el puente, se moja los labios con la lengua y luego de sonreír, mostrando sus dientes amarillos, habló.
Estas son las partidas de nacimiento de ambos, de la vieja y del tipo, dijo. Este es el certificado de defunción del sujeto, fíjese usted mismo lo que dice: “paro cardiorrespiratorio no traumático”, ¿lo leyó?…bueno entonces creo que esto despeja todas las dudas. En este folio tengo el certificado de la vieja: “muerte súbita”… mírelo, tampoco  existen dudas al respecto. Dio vuelta la carpeta abierta y  la arrojó delante del otro, señalando con su mano derecha extendida los papeles aquellos como para reafirmar, con su gesto, el contenido de estos. Luego continuó. Mírelos usted mismo, se los dejo si quiere para que los tenga presentes. Aquí podría decirse, y creo que usted no puede menos que acordar conmigo, tenemos los extremos, al menos legales, de ambas vidas. Son dos segmentos, dos distancias podría decirse también. De repente acercándose, sobre la mesa, al que lo escuchaba, le dijo.
No, hágame el favor y no me mire con esa cara Melgarejo,  no me mire con esa cara que me hace sentir mal  y no tengo ganas de sentirme mal.  Mire, mire  el río, mire los lapachos todos florecidos, la gente que pasa de aquí para allá… mire esas chicas tan lindas Melgarejo y no ponga esa cara.  Ahí tiene los papeles,  no que van a ser truchos, hágame el favor, me tomé el trabajo de fotocopiar los originales, no pretenderá que encima se los  autentique. No soy tan pavo, pero son auténticos, documentos auténticos.  Y desmienten toda la historieta esa que usted está escribiendo, no sé qué decirle.  Yo la publico y me como un juicio. No sé qué decirle. Además convengamos vender libros es muy difícil, y usted no tiene un mango, no tiene quien lo patrocine. Todo es muy difícil. El juicio me lo como yo seguro, porque a usted que le van a sacar, si ni poniéndolo cabeza abajo se le cae una moneda. Pero bueno no se pare todavía, hágame el favor siéntese, no se vaya, mire que hay muchos giles dando vueltas, que quieren publicar, en cambio yo me tomé el trabajo de llamarlo y conversar todo este tiempo con usted, algo vamos a hacer. Quizás una edición rústica, en fascículos que saldrían con el  diario, en una de esas si tiene suerte la cosa pega y de lo contrario nos hacemos olímpicamente los pelotudos y la terminamos enseguida. Eso es lo único que puedo ofrecerle Melgarejo, piénselo ¿haber como sería la cosa? empiéceme a contar y empiece  rápido, no sea cosa que me arrepienta.  Ya leí lo que me mandó ahora quiero escuchar como se armaría la cosa, como podemos publicarlo, como hacemos para enganchar la gente, con una cosa escrita de esa forma como usted lo hace.  ¡Mire que lindo se ve el río, mire que lindas chicas, el paseo nuevo que quedó tan lindo, los lapachos florecidos y cambie la cara! Ya bastante oscuridad con su historia. Eso si, los nombres me los cambia a todos, sobre todo de los personajes públicos. Y no me ponga nombres parecidos o con sonoridad similar, eso no quiero ni pensarlo. A los lugares disimúlelos, no los especifique. El lugar físico debe parecer cualquiera.  Desde ya, probablemente alguien que conozca los hechos y sobre todo que lo conozca a usted, podrá adivinar de que  está  hablando, yo  mientras se trate de adivinar no tengo problemas. Le soy sincero, yo, de todo lo que usted  cuenta, no creo nada.
Es todo una gran especulación, una sucesión de hechos posibles pero no probables. Lo de las casualidades es interesante si, como algo contingente desde ya.
Usted como investigador policial o judicial sería un peligro, eso lo tengo claro. ¿No pensó en ponerse un seudónimo? No, bueno. Volvamos a lo nuestro. Tampoco me gusta mucho ese asunto de la  introducción, que usted escribió como es su costumbre, pero ahora la denominó “capítulo cero”, no se que decirle Melgarejo… es un nombre más digno de un café, un night club o un telo. Pero en fin, usted es el que escribe y yo no corrijo a los escritores. De última sugiero algo aquí, algo allá pero corregirlos nunca. De última me va o no me va ¿Quiere otro café? Y vamos a tomarlo a la mesa de la vereda, aquí no dejan fumar y ya no me aguanto. ¡Qué  ortibas estos talibanes de la salud! ¡Quieren vivir cien años como recomienda Sabina! ¿Consumirán  pastillas para no soñar?

lunes, 7 de octubre de 2013

Teatro: Comentario sobre " Soledades". Compañía Municipal de Teatro La Fábrica. (Nogoyá)



Comentario sobre “Soledades” de la Compañía de Teatro La Fabrica


El Domingo concurrí  a la Asociación Cultural a ver la Obra de Teatro “Soledades” interpretado por la Compañía de Teatro  La Fábrica, con la dirección de Adolfo Recchia y protagonizada por el mismo director, Norma Espiñeira y Leonardo Zapata.
La obra se trata de una adaptación de dos obras cortas de Griselda Gambaro:
“El Nombre” (1974) y “Decir Sí” (1981)  Creo que las fechas por sí mísmas hablan del contexto en que dichas obras fueron escritas (contexto social, político, cultural). No seré yo quien descubra a una autora multipremiada, perseguida por la dictadura y de una larga trayectoria, que mereció más de un análisis por gente realmente calificada en la materia. Si es menester aclarar que se trata de un teatro novedoso, rupturista (al menos en su momento) con el costumbrismo y el realismo. Recurre a elementos del absurdo y del grotesco, para lograr disociar la realidad espacial de la discursiva. (Como herramienta para promover la reflexión y la extrapolación a realidades más amplias)
La puesta en escena me pareció realmente impecable. Dos obras en escena, no es lo habitual en nuestro medio, y es un gran mérito de la dirección.   La iluminación sencilla, pero cuidada, centra la atención del espectador en cada  interpretación paralela y alternante, quedando la otra como detenida en el tiempo en un entorno de penumbras.
El monólogo de la protagonista de “El Nombre”, por la propia dificultad que un monólogo presenta en lo que es mantener la atención del público,  me pareció sobresaliente. Espiñeira se  mimetizó con el personaje y nos hizo sentir esa anomia que relata el discurso, esa rebelión larvada y nunca concretada que expresa el cuerpo.
Recchia y Zapata, brillan en  “Decir Sí” (palabra que llamativamente casi no se usa en el texto)  una reflexión sobre el poder. Dominador y dominado, obviamente su interacción.
La coreografía sencilla, indispensable, como lo requieren éstas obras.
Sonido correcto, cuando fue requerido.
Al salir del teatro tuve la sensación de haber visto una gran obra.  Fruto de un esfuerzo importante de nuestra gente, que se animó a tomar un teatro difícil, escapando también al costumbrismo y la comedia.
Me queda felicitar a los responsables de esta puesta en escena y recomendar fervorosamente  la misma.  La magia del teatro otra vez se hizo presente.




                                                                               Gustavo Cresta.
Nogoyá,  7 de Octubre de 2013