lunes, 11 de noviembre de 2013

Némesis.Novela(Inédita) Fragmento


Comparto con ustedes otro Fragmento de mi novela Némesis. Que está en revisión... o algo así


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Le atribuyen a Alejandra Pizarnik la frase “La noche tiene la forma de un grito de Lobo”, me dijo un atardecer, la mujer de la ventana. Enigmática y frágil como la estatuilla de cristal de una diosa desconocida.

Ella tenía la edad de la muerte de Gardel. Se llamaba Gardenia, pero muchos le decían Tita o doña Tita, algo habitual en esos pueblitos perdidos del interior de Entre Ríos. 

Lo del nombre me lo pregunté muchas veces. ¿Una flor quizás? Como Azucena o Margarita ¿o un recordatorio de su fecha de nacimiento?

Cuando me contó el final de esta historia estábamos los dos solos. Por lo que no tengo testigos. Es mi palabra contra la suya. Y si bien ya no puede desmentirme, los muertos no contradicen a los vivos, muchos seguramente descreen de mis dichos a falta de pruebas. De algunas casas, incluso, me echaron cuando yo conté lo que ella me dijo. ¡Allá  ellos! ¡Qué dios los perdone!  Una falta de tacto de mi parte sin ninguna duda. Otros me manifiestan, actualmente cuando ya todo se calmó, su desprecio abiertamente, tildándome de calumniador impenitente, como Carmen. Por lo  que decidí no volver a hablar sobre esto. De mi boca no saldrá más una palabra referida a este tema. Acompañaré el obligado silencio de ella con el mío. No responderé ni siquiera las preguntas de aquellos que movidos por una curiosidad, que seguramente muchas veces podría calificarse de morbosa, me incitan a relatar los hechos. Como algunos adversarios políticos del alemán que ven una oportunidad de perjudicarlo.  Otros no son movidos por la curiosidad, o los intereses concretos, si no por una malsana intención, persiguiendo el solo propósito de despacharse con feroces condenas a mis dichos. Por lo que mi silencio es definitivo. Me limito a mirar a los inquisidores, recoger mis cosas y retirarme.

No vale la pena hablar. Pero de alguna forma quiero dejar testimonio de todo este asunto. Por lo que decidí escribir la historia y es la que ahora comienzo a narrar. Espero ser lo más fiel posible a lo que mi memoria guarda. Ceñirme a las cosas que ella describió en tantas tardes, reconstruir los universos que ella construyó poco a poco a lo largo de casi un año. Los dos siempre estuvimos solos. Eso era una de sus exigencias. Tampoco me fue posible tomar notas, era otra de sus exigencias. Ahora, desde hace unos meses, comencé a sentarme junto a la ventana, a la misma hora, de aquellas charlas antiguas, a realizar anotaciones de lo que guarda mi memoria. A extraer en la medida de lo posible esa riqueza oculta, sacarla a la luz del día desde las entrañas oscuras de ese yacimiento. Dije que me sentaba a la misma hora, si la misma hora de mis reuniones con ella, de las cuatro a las seis de la tarde. En una ventana que no es la misma, por razones evidentes, pero que la suplanta, colaborando a crear aquel ambiente de las charlas originales. Ahora a mis anotaciones, un tanto caóticas, pues recuerdo fragmentariamente, las estoy comenzando a organizar en una forma mínimamente coherente. Inteligible. Debo ser sincero y aclarar, que probablemente de esa falta de recuerdos vívidos, solo existe un responsable, se debe a mi actitud frente a la mujer. Solo el desenlace de la historia, cosa muy poco frecuente, me la hizo ver como valiosa. Durante muchas tardes mi mente divagó, en mil pensamientos, mientras la escuchaba fingiendo atención. Por eso es que muchos detalles se perdieron de la superficie de mi memoria.  Tardes enteras se encuentran opacadas por ese escapar mío hacia lo que rodeaba a aquella vieja, hacia su entorno, sin prestar atención a su voz. De tardes enteras no logro recordar más que mínimos retazos. Confieso que el  viajar esos pocos kilómetros, fuera de Nogoyá, tres veces por semana me resultó una carga. Y como la historia me fue pareciendo cada vez más insulsa y carente de interés, luego del primer mes, dejé de realizar las anotaciones  al llegar a mi casa, cosa que ella no podía prohibirme, aunque lo sospechara.

En determinado momento su prohibición explícita o tácita careció de todo interés, pues no se me ocurría anotar ni una palabra de lo que me había contado, palabras que por otra parte tampoco recordaba. Luego del final intenté recuperar aquellas tardes perdidas, armar nuevamente el rompecabezas, pero ella ya no estaba dispuesta, así me lo hizo saber. No repetiría lo que ya me había dicho. Todos sabemos que  poco  después enfermó para no recuperarse, se fue apagando como una brasa, y tuvo el final ese, del que tanto se habló. Lo que sigue a continuación es el fruto de ese intento, el testimonio que deseo  dejar, de la forma más fiel y ordenada que me es posible. No se si lograré mi objetivo, pero espero hacerlo. Las afirmaciones vertidas en el relato original, han sido confirmadas en muchos casos,  por indagaciones realizadas por mí. En otros por revelaciones voluntarias o involuntarias de terceros con los que en el transcurso de este trabajo preliminar me encontré. En definitiva trataré de alguna forma de preservar con mi memoria escrita el pasado de otros, algunos de los cuales de lo contrario carecerían del mismo, aniquilados por el olvido.