jueves, 26 de marzo de 2015

Némsis Novela Inédita. Fragmento

Les dejo otro fragmento...




-¿Estás seguro de eso?-preguntó Bataglia entre escéptico y risueño.-no me parece tarea fácil eso de la encuesta. Y nunca había escuchado sobre ese departamento pero debe ser muy concurrido- volvió a reír.
-¿Por qué no le crees?-intercedió Marisol- A mi me parece algo novedoso, es como aplicar el método científico-dijo mirándolos alternadamente y haciendo caso omiso de la broma de Cabral.
-Bataglia. Bataglia-dijo Cabral con aire doctoral-Los grandes descubrimientos siempre fueron recibidos con desconfianza. ¡Cuántos que hoy son admirados como próceres de la ciencia tuvieron que soportar las burlas de sus coetáneos!
-Bueno no es para tanto-lo interrumpió Bataglia mientras saludaba a Formica y Cachito Roth que ingresaban por la puerta de la ochava. El primero era hijo de un ex decano de la época de los radicales, el segundo sobrino del adjunto de Cirugía Tres, que pronto sería jefe, cuando el viejo Sánchez Cao se jubilara a fin de año. Eran alumnos brillantes, pero mantenían un cierto espíritu de elite.  Jugaban al rugby y navegaban en el río, nunca se los veía en las peñas de estudiantes, o mejor dicho rara vez. En una de esas raras veces Bataglia los había tratado. Con Gastón eran asiduos a las peñas y él era un muchacho extrovertido y sociable, residuo quizás de aquellas ansias de agradar y sentirse integrado, a los que su situación familiar lo había empujado. Les había caído simpático con su humor fresco y espontáneo. No era que se hubieran convertido en amigos, no nada de eso, pero se formó un cierto lazo entre ellos, lazo laxo por cierto, no de camaradas asiduos solo circunstanciales.
La mano de Cabral sobre su antebrazo lo llamó a la realidad, apartándolo de aquellos recuerdos que captaron su atención por un instante. A él le ocurría con frecuencia eso de irse en divagaciones inexplicables. El otro lo tenía asido del antebrazo y casi inclinado hacia él le hablaba.
-Galileo Galilei es un claro ejemplo-le decía- Darwin, y tantos otros. Yo estoy dispuesto a asumir ese precio. El de la incomprensión.
-¡Mirá que sos loco Cabral!- le contestó, mientras buscaba en Marisol algún apoyo para salir de esa charla tan poco conducente rayana con la absurdidad.
-Yo en su lugar, lo pensaría-terminó Cabral mientras se levantaba y se dirigía al mostrador a pagar su café. Marisol lo miró alejarse y dijo
-Mirá si este loco tiene razón y aprueba de esa forma.
- En una de esa tiene suerte y lo logra, pero no creo que sea por su método- contestó Bataglia.
-¿Qué vas a hacer?- preguntó la muchacha palmeando su bolso.
-Nada, tengo que estudiar y tengo hambre.
-Vamos a mi departamento estudiamos un poco y tomamos unos mates. Tengo que ver algo de Gineco para esta tarde.
-Bueno vamos.
Luego de pagar salieron por la puerta de avenida Francia, la mañana era luminosa, el sol golpeaba contra las fachadas, anunciando el próximo calor del verano. No quedaba más que el recuerdo de la llovizna de la tarde anterior. Bataglia se quitó el guardapolvo y se lo puso sobre su hombro izquierdo sosteniéndolo con un dedo.

martes, 17 de marzo de 2015

Némesis. Novela Inédita.

Les dejo otro fragmento....






Bataglia soñaba con un café mediano ya antes de salir de la clase de Neumo,  trató de recordar cuantos pesos llevaba en el fondo de su bolsillo para ver la posibilidad de comerse una medialuna. Estas monedas le parecieron escasas, de lo contrario debería volverse a pie hasta la pensión, y definitivamente deseaba evitarlo hoy. A veces lo hacía con gusto, es bueno de vez en cuando estirar las piernas, pero solo cuando se tiene ganas o no hay más remedio. Su estómago sin embargo le reclamaba otra actitud, podría gastar hoy a cuenta del viaje de mañana, bueno eso ya lo vería, sobre la marcha. Caminó por el pasillo techado del hospital junto a Marisol y Cabral, cruzaron Urquiza hacia el viejo bar de la esquina, la avenida Francia soleada se extendía hacia el barrio Pichincha.  Ocuparon una mesa desocupada sobre la vidriera que daba frente al hospital, por Urquiza, también existen mesas sobre las vidrieras que dan a Francia pero estaban todas ocupadas, incluso en otras oportunidades más cerca de fin de año, cuando se están tomando exámenes, los dueños sacan algunas mesas a la vereda, bajo la sombra de las tipas. Cuando Bataglia recibió su café lo endulzó con varios sobres de azúcar. Así me subirá la glucemia pensó, y no tendría que gastar sus preciadas monedas.  Conversaron un rato largo sobre el tema de la clase a la que habían asistido, costumbre muy arraigada entre los estudiantes, que permanecen enganchados con los teóricos. Marisol como siempre se veía nerviosa, la proximidad de los finales incrementaba su ansiedad crónica. Cabral en cambio, como estudiante veterano, siempre peinado con fijador, bien afeitado y seguro de si mismo, ya tenía el aspecto de un médico aunque recién estuviera cursando materias de cuarto año.  Trabajaba como telefonista en un servicio de emergencia, era su costumbre quejarse de Damonte, un abogado que era su jefe y que al parecer tenía por costumbre maltratar a las personas bajo su mando. Pero Cabral hoy estaba muy tranquilo ni se acordó del avenegra. Había pergeñado un sistema infalible para aprobar medicina interna, consistente en una especie de encuesta a realizarse con quienes habían rendido en los últimos tres turnos. Explicó con detalle, que de esa forma podía reducirse lo que era necesario estudiar a fondo a no más de un veintidós por ciento de la materia y otro veinte por ciento en forma somera. Cabral estaba convencido que el otro cincuenta y ocho por ciento no era necesario ni siquiera leerlo. Afirmaba las bondades de su método con un convencimiento propio de un pastor iluminado por una revelación divina.  No solo profesaba su fe sino que ejercía un proselitismo casi fanático.
-¿Pero esa encuesta no te llevará más tiempo que el que te insumiría  estudiar todo?- preguntó Bataglia mientras terminaba su café hiper endulzado.
-Y un tiempo te lleva… lógico- contestó Cabral.
-¿Cómo podés saber con exactitud quienes rindieron en los últimos tres turnos? Y donde encontrarlos además.
-Eso es algo sencillo tengo conocidos en alumnado, fotocopiamos las actas y chau. Nada complicado cuando conocés las personas adecuadas. Siempre son más importantes los contactos, que cualquier currículum vitae, acordate de eso pendejo, siempre acordate.
-Claro, tenés razón- terció Marisol, mirándolo con sus  grandes ojos y acomodando mecánicamente su bolso sobre las piernas como si temiese que alguien se lo robara, era una de sus actitudes repetitivas. Así como otros se comen las uñas o se acomodan el pelo, ella manipulaba su bolso, con las palmas de las manos hacia abajo o  hacia un lado o el otro como si se tratara de una masa de arcilla a la que quería dar forma.
- Por supuesto que tengo razón-contestó Cabral satisfecho, de tener una seguidora para su teoría- es solo el estudio de las probabilidades. La idea la tuve un día que el profesor Altamirano, en primer año, en anatomía para ser más preciso, a todos les había preguntado por el trayecto inguinal. ¡A todos! Pero solo pude perfeccionarlo ahora, noches enteras estuve pensando como hacerlo. Y de repente encontré la forma. Una encuesta. ¿Cómo se obtiene la información para cualquier estudio? Sobre lo que sea, parasitosis, desnutrición, número de consultas al departamento de masturbología, cualquier cosa, ¡Con encuestas!

sábado, 7 de marzo de 2015

Némesis. Novela Inédita.

Les dejo otro fragmento... de esta novela en permanente transformación como la circunvalación de Rosario...



A muchos kilómetros de distancia y muchos años atrás, en una habitación de final de verano, donde se aspiraba un suave aroma de jazmines y azahares.
Muriel terminó de armar su bolso, con todo lo indispensable para su vida en Rosario, Tito la miraba con unos ojos en los que ella advertía cierta tristeza. Pero en el fondo de aquella mirada ella presintió un doblez, una cierta ambigüedad. Le devolvió la mirada y advirtió con más nitidez eso que temía. Cerró el cierre relámpago  y se sentó sobre la cubre cama de un color borravino desteñido por los sucesivos lavados. Tito no emitía sonido, solo la miraba. Ella bajó los ojos y derramó algunas lágrimas que cayeron  sobre sus vaqueros celestes. Él pareció advertir aquello y se acercó sin atreverse a tocarla, quedó cerca de ella en una actitud expectante. Ella no lo miró, pero advirtió su proximidad, quizás por el calor de su cuerpo, ese cuerpo que pronto estaría a tantos kilómetros de distancia. Y lo supo, por primera vez la sospecha se transformó en certeza y lo supo. Supo que él la reemplazaría por otra, quizás por Celeste, que siempre se le acercaba en su ausencia. Quizás por Marta, a quien había sorprendido llamándolo desde su jardín aquella tarde del último otoño. Y ahora todas esas piezas encajaban perfectamente en el rompecabezas de su pensamiento. Él permanecía en silencio, solo se podía advertir su respiración un tanto rasposa. Muriel comenzó a llorar en forma desconsolada con las manos en su rostro, sufriendo espasmos de amargura. Él se puso de pie y salió por la puerta hacia el pasillo. Ella comprendió que él no la podía acompañar en su partida, comprendió además que ella debía partir. Un intenso dolor la invadió al aceptar lo inevitable de la traición. Todo  había complotado para que ese final fuera inevitable. Se secó las lágrimas con un pañuelo celeste y se acostó con las manos entrelazadas tras su cabeza, el bolso cayó al piso con un ruido sordo y quedó tumbado de lado. ¡Tito! ¡Hay Tito! ¡Yo que te quise tanto!