Un cuento para ustedes
El Nogoyacero Yo le cuento las cosas como sucedieron y usted me va a entender. No invento nada. A Ruiz lo encontré en un partido de pelota, en el frontón del negro Fontana, cerca de Médanos. Ruiz ya no jugaba, tenía el hombro derecho muy afectado. Pero le gustaba apostar y tomarse unas copas en la cantina. Cuando joven cuentan que era pendenciero, pero cuando yo lo conocí ya era un viejo de apariencia mansa. Quizás por lo del hombro, quien sabe. No demasiado alto. No estoy diciendo que fuera petiso, pero no era muy alto. Eso sí robusto. Vestía unas bombachas oscuras, botas de media caña , una campera verde militar de tela de avión y lucía una boina negra, media descolorida por el tiempo. Cuando Ayerza me lo señaló en forma disimulada, estaba parado de espaldas al mostrador con los brazos cruzados sobre el pecho. Mirando hacia afuera. Sus ojos no se detenían en ningún punto en particular, saltaban de un sitio a otro. Una quietud solo ...