Un cuento para compartir
Atardecer El sol a mis espaldas ilumina los paraísos dándoles una luminosidad que contrasta contra los negros nubarrones que se dibujan al este, tras la loma. Los caseros interpretan su coro vespertino desde las ramas bajas del tala del patio chico, que ya en parte se encuentra cubierto por la sombra del viejo caserón en que me encuentro. Sombra densa y fija que se diferencia de la sombra cribada y móvil de los árboles por sus habitantes, ciudadanos de éstas últimas son bandadas de morajúes que entran y salen ruidosamente del follaje. Algunas calandrias y chingolos caminan buscando los últimos gusanos de día. Tórtolas de rama en rama acomodándose. Arrullo de trinos. Vocinglería. Los habitantes de ésta otra sombra permanecemos quietos y en silencio. Miramos el paisaje iluminado por los rayos oblicuos del poniente. El aire pesado y húmedo me aplasta, hundiéndome en una especie de gelatina de abatimiento. Entumeciendo los sentidos. Ella a mi lado permanece callada. Seguramente aún está en...