Tres cuentos que deseo compartir con ustedes
El Hilo . Siento el sol sobre mis ojos, casi no puedo ver. Saco mi mano del bolsillo de mi chaqueta y me apantallo . Así puedo observar a los que se ríen, son los tres marineros esos de los corrillos en el castillo de popa. Los que le robaron la lámpara al capitán Ibáñez, para luego molernos a palos a los demás buscándola. Solo para divertirse. Ahora los veo reírse estruendosamente, sacudiéndose en forma espasmódica y señalando algo en la orilla. La goleta bandea suavemente sobre este mar dulce y enorme que se pierde en el horizonte. Aún dormido y helado a pesar del sol brillante, comienzo a pararme. El aire es transparente bajo el cielo celeste de este Julio austral. Un viento fino corta el rostro soplando desde el sur suavemente. Me prendo la chaqueta sin la protección de la borda me cala hasta los huesos. Los tres hombres me dan ahora la espalda pero continúan riéndose y hablando por lo bajo. El viento cede un instante y el olor a orines sube desde la sentina como una marea de amo...