Por la cuarentena publico otro fragmento
Flores rojas sobre granito negro Nogoyá se despide de un crepúsculo más. La noche parece desmoronarse sobre el mundo. Una música lejana violenta el silencio. El olor del jazmín penetra por la ventana, mezclándose con el aroma triste del tabaco. El hombre llamado L descansa en un sillón de alto respaldo y tapizado de tela tapizada de un color indefinido entre rosado y violeta. Quizás de un púrpura desteñido. Apenas se dejan ver las rosas rojas que forman una especie de guarda sobre el piso negro. El viejo juega, desde la tarde, un juego consistente en que las colillas de sus cigarrillos queden sobre ellas, una aburrida diversión por cierto. Ahora, en las penumbras, es más difícil acertar sobre las flores del piso, pero también permite cierta laxitud en el juicio sobre la validez del tiro. El viejo especula con eso para engañarse a sí mismo. En lejanas rondas de café, que ahora se recuerdan de un color sepia, como es...