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Mostrando las entradas etiquetadas como Busqueda Insensata. Veinte cuentos prescindibles

Fragmento para compartir

El Encuentro. Hace unos años un amigo encontró entre las cosas dejadas en un desván por el fallecido Honorio Argentino Robledo, quien fuera funcionario de la dirección de cultura de la provincia durante el gobierno de Onganía lo siguiente. El título original del texto está poco legible por los efectos de la humedad y los roedores sobre el papel pero parece ser: “Confesión” o “Confieso” o “ Inconfesable” algo así. Escrito de puño y letra por el ex funcionario arriba mencionado. Y dice lo siguiente: “El Dr. Elejalde, se acomodó en su silla con el sobre de papel madera entre sus manos, se quitó sus anticuados anteojos con marcos de carey y gruesos cristales verdosos. Me dirigió una de esas miradas a las que el denominaba “significativas”. Él les atribuía a las mismas los más diversos significados, por lo que a pesar de su intención de comunicar algo, era muy difícil tener la certeza de qué era ese algo. De lo que sí se podía tener certeza era de que el contenido del sobre que ahora habí...

Un cuento para compartir.

Euclides “Epifanio Reyes era un hombre muy inocente. Aún creía en cosas que sus coetáneos habían desechado desde mucho antes de su pubertad. Sobre todo lo demás, esta calidad de crédulo, era la característica definitoria de su personalidad. Una cruz cuyo peso por supuesto él no sentía. Era incapaz de hacerlo. Como no tenía noción del ridículo aquella nochecita parado con el ramo de gladiolos amarillos, envueltos en unas hojas del Diario Nogoyá que apenas los ocultaban, frente a las pícaras miradas de los muchachos reunidos en el Bar Plaza.” Euclides cerró el libro con fuerza, de tal forma que un sonido seco como un aplauso invadió la pequeña sala, y quedó resonando en el ambiente por unos momentos. Él en realidad no valoraba en lo más mínimo lo escrito por aquella persona, pero hubiera sido políticamente incorrecto decirlo. O por lo menos decirlo en éste momento. Lo que si le había gustado de aquel engendro eran las tapas duras. Él siempre había gustado de los libros de tapas duras. P...

Un cuento

Por Gustavo Cresta ( único culpable de esto. Integra “Cuentos Prescindibles”) La espera. Con el aurícular en la mano permanecí quieto un largo rato. Paralizado por lo que había escuchado. Luego, lentamente colgué y me senté en el sillón, debajo de la lámpara, mi sitio favorito para leer. Cerré mis ojos cansados, me quité los anteojos y esperé su llegada. Jimena bajó corriendo las escaleras de la facultad, su pelo castaño, caía en ondas móviles sobre los blancos hombros de su guardapolvo. Sonreía. Sonreía y miraba hacia la plazoleta jalonada de palmeras de Avenida Francia. Yo parado allí la veía, arrobado, encandilado por su belleza. Quieto, esperando. Esperando su abrazo, sentir el perfume de su cuello junto a mi cara y su tibieza. Si, su tibieza suave, que me atraía como un imán. La ví mirar alternadamente el tránsito de Santa Fe y la avenida, parada en el cordón de granito. El viento mecía su guardapolvo desprendido dejando ver su figura y ocultándola nuevamente. Como quien mu...