Entradas

Mostrando las entradas etiquetadas como "Gallito Ciego" 2009

Un fragmento para ustedes

XV El mago y el cerrajero . Cuando ví que se lo llevaban, supe que era alguien que buscaba respuestas. Yo tengo esa capacidad. Sobre todo al atardecer, se exacerba. Por eso el rostro de aquel muchacho quedó nítido en mi memoria. Como en un espejo. Y lo vi rodeado de las imágenes del espanto. Esas que proliferan en esos huecos inmundos. Que habitan en residencias invadidas por los miasmas del mal. Que tironean los harapos fétidos de la muerte para que vuelva su rostro hacia nosotros. Los que sueñan con los frutos de los abismos. Los que tienen su alma invadida por las sombras. Percibí a aquel muchacho. El de mi espejo. Como a un adolescente inocente adentrándose en un bosque maldito. Y su imagen me rondó. Por muchos días lo ví en sueños y lo recordé en vigilias. Buscaba respuestas. Respuestas que escapan al campo de la razón. Aún de las realidades más oscuras. Instrumento involuntario de fuerzas encontradas. Cuando ví que se lo llevaban lo supe. Pero callé . Permanecí sentado ...

Fragmento para compartir

Este es un fragmento de mi novela Gallito Ciego publicada en 2009, una obra de ficción, ningún personaje ni ninguna circunstancia son reales. Espero que les guste. Será la última entrada por un tiempo. II Ayer. Horacio y la negra El Fiat 128 celeste disminuyó la marcha y doblando hacia la derecha ingresó por el portón metálico de dos hojas que se encontraba abierto. Inmediatamente dos figuras surgidas aparentemente de la nada cerraron las hojas ocultando el interior del playón de estacionamiento. Esperé un rato, momentos después, la estrecha puerta de servicio se abrió y por ella aparecieron dos hombres corpulentos con camperas grises y anteojos para sol lo que daba a su rostro el aspecto de insectos. Tras ellos salió él. Caminaría unos veinte metros, quizás veinticinco hasta el sitio donde se efectuaría la reunión. Me saqué la campera de acuerdo a lo convenido, un hombre de mameluco naranja colocó una barrera metálica en la esquina. El polara frenó en la bocacalle se subió a la ochava...

Un pequeños fragmento para compartir

VI El Maestro Negro y el chancho -Maestro permítame hacerlo por favor.-casi imploré. El otro permaneció callado, como si no me hubiera escuchado.-Maestro por favor-supliqué nuevamente. No obtuve respuesta. Mi interlocutor continuó en silencio leyendo un libro que tenía sobre su falda. La pequeña cabeza inclinada hacia abajo. Yo, el hombre, caminaba de un lado hacia otro de la habitación.-Se lo ruego-dije luego de un momento. El anciano levantó su cabeza cubierta de cortos rizos casi blanca por completo y me miró con sus ojos inyectados. Tomó el libro lo dejó en el suelo y se puso de pie. Con las manos entrelazadas en su espalda caminó hacia mí y se detuvo a pocos centímetros de distancia. -¿Para qué?-me preguntó con una voz suave. Yo, el hombre, bajé la cabeza y comencé a mover el tronco de un lado hacia el otro como un niño vergonzoso.-¿Para qué?-volvió a preguntar el anciano.-Necesito hacerlo maestro-contesté por fin-necesito saber que estamos cerca de lograrlo. Ansío...