Entradas

Mostrando entradas de abril, 2009

Un cuento

Por Gustavo Cresta ( único culpable de esto. Integra “Cuentos Prescindibles”)

La espera.

Con el aurícular en la mano permanecí quieto un largo rato. Paralizado por lo que había escuchado. Luego, lentamente colgué y me senté en el sillón, debajo de la lámpara, mi sitio favorito para leer. Cerré mis ojos cansados, me quité los anteojos y esperé su llegada.
Jimena bajó corriendo las escaleras de la facultad, su pelo castaño, caía en ondas móviles sobre los blancos hombros de su guardapolvo. Sonreía. Sonreía y miraba hacia la plazoleta jalonada de palmeras de Avenida Francia.
Yo parado allí la veía, arrobado, encandilado por su belleza. Quieto, esperando. Esperando su abrazo, sentir el perfume de su cuello junto a mi cara y su tibieza.
Si, su tibieza suave, que me atraía como un imán. La ví mirar alternadamente el tránsito de Santa Fe y la avenida, parada en el cordón de granito. El viento mecía su guardapolvo desprendido dejando ver su figura y ocultándola nuevamente. Como quien muestra…

Otros versos de Yelda Cresta para compartir

Soy como el árbol
crezco hacia lo alto,
hacia la luz,
hacia el espacio abierto.
Vocación de infinito me levanta
y pisando en la tierra busco el cielo,
y sostengo una estrella entre mis ramas.

Pudo, ayer, la tormenta inevitable
quebrar, en dos, mi copa iluminada,
y tirarme en el suelo en mil pedazos
como un sueño deshecho,como nada...
Una fuerza interior que es fe y es Vida
latía en mi madera inalterable;
y el tronco siguió en pie sobre la tierra,
herido, silencioso , en soledades.
El sol siempre está allí,vivificante.
Siempre al fin de la noche nace el alba
Voy a seguir brotando ramas nuevas
en mi costado abierto a la esperanza.

Mi destino no es flor, tampoco es fruto;
pero en mi savia llevo potenciado
un designio de pètalos y aromas
para cuajar en fruto que te sacie,
mientras tiendo hacia el sol que me ilumina,
todo mi ser, en luz, alimentado.

Cuando caiga en tierra,
como el árbol,
de mi tronco saldrá, en raudo vuelo
la paloma de mi alma.

Yelda.

Fragmento de Los Custodios para compartir

Notas

“El hombre me dijo que él había matado los perros, todos los perros, no había caso de dejar ninguno vivo, las bestias se habían cebado con carne humana, no se los podía dejar vivos . Si hasta tuvo miedo que se soltaran de sus ataduras y se lo comieran a él también, tal la ferocidad que demostraban. Valían plata los bichos , los podría haber vendido, pero tal fue el miedo que le inspiraron que los mató a todos, uno tras otro, sin pensarlo más. La baba chorreaba de sus bocas que le parecieron siniestras en sus cabezas ensangrentadas . Los estampidos del fusil retumbaron en los troncos y se perdieron entre la fronda espinosa. Dice que concluida su faena , se alejó casi corriendo por el sendero, sin tener ganas de mirar atrás. A llegar a su casa , vomitó su miedo en el baño hasta temer quedarse sin estómago. Eso me contó el hombre aquella tarde, lo escribo para que se sepa. “ De la agenda de L.


Barrio de las Ranas 1985 El pez fosforescente

“Présteme atención joven , usted recién…

Dos fragmentos que deseo compartir con ustedes

Dos fragmentos de Las Brumas de Destino

Las brumas.

Fran no había logrado conciliar el sueño con facilidad, largos minutos se quedó mirando el techo y pensando. Tratando de revivir lo que había pasado en esa noche, que para él tanto significaba. La noche deseada, aquella en que la ambigüedad no había tenido lugar, aquella en que las cosas fueron como siempre debieron ser. Repasó uno a uno los momentos vividos, quiso besar nuevamente cada beso, trató de acariciar nuevamente cada caricia, de captar cada mirada , cada sonrisa . Hasta que el sueño lo fue atrapando, sumergiéndolo en las profundidades de sus aguas mansas.
Su cuerpo se fue relajando, hasta descansar lánguido en el silencio acogedor de su cuarto. La voz de su madre y de su hermana conversando animadamente en la cocina , lo volvieron a la realidad, cuando la hora de la siesta promediaba. Fue cuando vio aquello por primera vez. La bruma. La bruma que ocultaba el piso de su cuarto, cómo si hubiera despertado en una ciénaga …

Tres cuentos que deseo compartir con ustedes

El Hilo.

Siento el sol sobre mis ojos, casi no puedo ver. Saco mi mano del bolsillo de mi chaqueta y me apantallo . Así puedo observar a los que se ríen, son los tres marineros esos de los corrillos en el castillo de popa. Los que le robaron la lámpara al capitán Ibáñez, para luego molernos a palos a los demás buscándola. Solo para divertirse. Ahora los veo reírse estruendosamente, sacudiéndose en forma espasmódica y señalando algo en la orilla. La goleta bandea suavemente sobre este mar dulce y enorme que se pierde en el horizonte. Aún dormido y helado a pesar del sol brillante, comienzo a pararme. El aire es transparente bajo el cielo celeste de este Julio austral. Un viento fino corta el rostro soplando desde el sur suavemente. Me prendo la chaqueta sin la protección de la borda me cala hasta los huesos. Los tres hombres me dan ahora la espalda pero continúan riéndose y hablando por lo bajo. El viento cede un instante y el olor a orines sube desde la sentina como una marea de amon…

saludos y bienvenida

Amigos en este espacio quiero compartir opiniones, textos, comentarios con ustedes. Las personas se enriquecen con el intercambio de conocimientos, habilidades, opiniones. Tambien se puede compartir el placer estético del arte. Tanto letras como imágenes. Bueno espero que nos enriquezcamos mutuamente. Un gran abrazo virtual