El Hilo. Cuento. Cuarta Parte
El Hilo. Cuento. Cuarta Parte Cuando despierto estoy en una oscura pieza y escucho el ruido del cuchillo contra la madera. Me levanté bebí agua fresca de un barril y salí a la calle sin despedirme. Dos horas después estaba con el reclutador del regimiento de dragones, en una semana saldría con el ayudante mayor Tomás de Rocamora hacia el Gualeguay en una misión pacificadora de esos parajes salvajes. En esos días conocí a Azorín un portugués, el padre de la muñeca de porcelana que conversaba con Omar. Luego lo vi muchas veces ya en el recién bautizado Entre Ríos, durante muchos años él vendió armas y comerció cueros. Azorín además vendía productos de ultramar, escasos en las décadas que vinieron después, las sangrientas. Años luego por él tuve noticias de mi conocido Pérez de Roldán que al parecer vivía cerca del Luján con su lavandera. Los ríos de este país son como mares marrones que se internan entre frondas y pastizales. Todo es inmenso...