Entradas

Un poema de Juan Manuel Alfaro para ustedes

A cielo y cielo Verdeante, invicto y con el pecho en cielo, le daba a mi niñez lo que quería: pájaro efervescente por el día Tuve alas para Dios, pies para el suelo. No digo que volé, pero fui vuelo y jilguereó mi barro su alegría. A cielo y cielo y cielo me perdía, y a cielo me encontraba: a cielo y cielo. En noches de San Juan fui el encendido, y a llama y sombra custodié la suerte de tener un hermano en lo querido. Y no tengo razón para el desvelo, porque a cielo viví y no habrá muerte si la muerte no viene a cielo y cielo. Juan Manuel Alfaro De "El cielo firme" Juan Manuel Alfaro (1955). Poeta y narrador nacido en Nogoyá, provincia de Entre Ríos. Profesor de literatura, fue compilador y prologuista de la obra del poeta lírico entrerriano Carlos Alberto Álvarez. Tiene en su haber el Primer Premio "Rosalina Fernández de Peirotén" de la Asociación Santafesina de Escritores (años 1979 y 1981), el Primer Premio "Orlando Travi" de la Fundación Argentina para...

Unos versos de Juanele para ustedes

«A la orilla del río...» - Juan L. Ortiz A la orilla del río/un niño solo/con su perro./ A la orilla del río/dos soledades/tímidas,que se abrazan. / ¿Qué mar oscuro,/qué mar oscuro,/los rodea,/cuando el agua es de cielo/que llega danzando/hasta las gramillas?/A la orilla del río/dos vidas solas,/que se abrazan./Solos, solos, quedaron/cerca del rancho./La madre fue por algo./El mundo era una crecida/nocturna./¿Por qué el hambre y las piedras/y las palabras duras?/ Y había enredaderas/que se miraban,/y sombras de sauces,/que se iban,/y ramas que quedaban.../ Solos de pronto, solos,/ante la extraña noche/que subía, y los rodeaba:/ del vago, del profundo/terror igual,/surgió el desesperado/anhelo de un calor/que los flotara./ A la orilla del río/ dos soledades puras/ confundidas/ sobre una isla efímera/ de amor desesperado./El animal temblaba./ ¿De qué alegría/ temblaba?/ El niño casi lloraba./ ¿De qué alegría/ casi lloraba?/ A la orilla del río/ un niño solo/ con su perro. De El ai...

Un pequeños fragmento para compartir

VI El Maestro Negro y el chancho -Maestro permítame hacerlo por favor.-casi imploré. El otro permaneció callado, como si no me hubiera escuchado.-Maestro por favor-supliqué nuevamente. No obtuve respuesta. Mi interlocutor continuó en silencio leyendo un libro que tenía sobre su falda. La pequeña cabeza inclinada hacia abajo. Yo, el hombre, caminaba de un lado hacia otro de la habitación.-Se lo ruego-dije luego de un momento. El anciano levantó su cabeza cubierta de cortos rizos casi blanca por completo y me miró con sus ojos inyectados. Tomó el libro lo dejó en el suelo y se puso de pie. Con las manos entrelazadas en su espalda caminó hacia mí y se detuvo a pocos centímetros de distancia. -¿Para qué?-me preguntó con una voz suave. Yo, el hombre, bajé la cabeza y comencé a mover el tronco de un lado hacia el otro como un niño vergonzoso.-¿Para qué?-volvió a preguntar el anciano.-Necesito hacerlo maestro-contesté por fin-necesito saber que estamos cerca de lograrlo. Ansío...

Un cuento para ustedes.

Ludmila Las gruesas gotas de lluvia caían sobre los coches estacionados adelante del pabellón internacional. Cuando Tito terminó de estacionar el Peugeot miró a través del parabrisas, ligeramente empañado, la silueta del edificio deformada por los torrentes de agua, que actuaban como lentes. Maldijo el no traer paraguas ni impermeable. Tomó La Nación que estaba tirada en el asiento trasero y la usó a modo de paraguas mientras corría sobre el hormigón mojado. Al llegar bajo el alto techo del andén donde estacionan los taxis, casi resbala sobre los mosaicos rojizos. Se detuvo un momento para tomar aliento. Miró hacia ambos lados del pasillo semicircular, los viajeros arrastraban valijones y tenían ese aire de desorientación encubierta que tienen los recién desembarcados. Tito pensó, que aún tenía unos minutos para acercarse al sector de arribos y se quedó bajo el anden mirando llover. En forma automática se llevó la mano al bolsillo interno de su campera y extrajo un atado ...

Fragmento para compartir

La pena. Cuando se fue de la casa de Ami , lo hizo como si fuera otro. Como si su cuerpo lo alejara del peligro como un bombero que lo llevaba en brazos, incendio afuera. Sabe que cruzó la ciudad, como un poseído. Pero todo para él fue como un sueño, como una pesadilla de la que no podía despertar. Como si fuera un desalmado , un vacío viajando por las calles en una moto a toda velocidad. Cómo ésas bolsas de polietileno que arrastra el viento en las tormentas, envases inútiles a merced de los elementos. No puede afirmar que vio aquel recorrido. Sus lágrimas borronearon el paisaje. Solo el mundo moviéndose bajo las ruedas , como una gigantesca cinta transportadora. Huída. Deseo de escapar de aquello que lo había golpeado con la fuerza de mil coces. Su primer recuerdo más o menos nítido es de cuando se encontraba sentado en el banco de madera en el segundo puente, mirando las aguas del arroyo Nogoyá correr arremolinadas contra la barranca cribada por mil cavernas pequeñas que le daba...

Saludos

Les deseo a todos una feliz navidad y un mejor 2010. Que se cumplan sus deseos en el año que viene. Nos vemos en 2010. Abrazos fraternos.

El Aqularre y la ruptura

El aquelarre y La ruptura . Ami acurrucada en el sillón de la sala, hablaba por teléfono. Al hacerlo se comía las uñas del anular y el dedo medio de su mano izquierda. Su rostro denotaba desasosiego. La voz en el auricular evidentemente le transmitía inquietud. Respondía con monosílabos, con un evidente desgano. Después de colgar, aún la voz de Vale resonaba en sus oídos. El gusano comenzaba a reptar, nuevamente a horadar, silencioso y constante. El restituido muro de la confianza, mostraba grietas. Varios lo habían visto en la moto con ella, otros lo cruzaron al salir de su casa. Evidentemente , las chicas tenían razón, la estaba tomando por una idiota. Ella era la única ciega que no quería admitir que Fran la engañaba, con ésa. Como era posible que en todos estos años no se diera cuenta, si ahora en el recuerdo, los ojos de ella brillan de lujuria al mirarlo. Como una serpiente enroscada en una rama, mirando acercarse a su presa. De repente el sentimiento de desilusión que la hab...