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Fragmento de "Los Custodios del Sello" para compartir.

Nogoyá alrededor de 1966 Primer conocimiento El cielo plomizo cubría la ciudad mojada por el aguacero de verano. Contra el cordón de granito un torrente corría hacia el Este, formando borbollones y pequeñas olas sobre los adoquines del pavimento. Los barcos de papel cabeceaban y daban bandazos raudos en su viaje de bautismo y despedida hasta encallar en algún depósito de limo o en algún adoquín arrecife. Naufragios mínimos que causaban algarabías y risas en los niños arrodillados en la vereda. Astilleros de infancia restituían naves a la flotilla diezmada con la expectativa de que alguna de ellas llegara al lejano arroyo, en un viaje mágico que la mente de la niñez extendía hasta el río Paraná. Corríamos por la vereda con la vista atenta en los ingenios de papel que flotaban llevados por la corriente, de tanto en tanto nos deteníamos bajo algún falso plátano de corteza blanquecina y sentados en sus raíces contemplábamos alguno en dificultades hasta que se hundía despedazado en la corri...

Un cuento para compartir

Atardecer El sol a mis espaldas ilumina los paraísos dándoles una luminosidad que contrasta contra los negros nubarrones que se dibujan al este, tras la loma. Los caseros interpretan su coro vespertino desde las ramas bajas del tala del patio chico, que ya en parte se encuentra cubierto por la sombra del viejo caserón en que me encuentro. Sombra densa y fija que se diferencia de la sombra cribada y móvil de los árboles por sus habitantes, ciudadanos de éstas últimas son bandadas de morajúes que entran y salen ruidosamente del follaje. Algunas calandrias y chingolos caminan buscando los últimos gusanos de día. Tórtolas de rama en rama acomodándose. Arrullo de trinos. Vocinglería. Los habitantes de ésta otra sombra permanecemos quietos y en silencio. Miramos el paisaje iluminado por los rayos oblicuos del poniente. El aire pesado y húmedo me aplasta, hundiéndome en una especie de gelatina de abatimiento. Entumeciendo los sentidos. Ella a mi lado permanece callada. Seguramente aún está en...

Para compartir un fragmento de Los Custodios del Sello

Notas “Yo los ví, justo por ahí, detrás suyo. Caminaban con la cabeza gacha, agrupados cómo reses, como temiendo a todo. Pasaron por ahí, yo los vi señor, nadie me lo contó. Se fueron para aquel lado, como buscando la Carapacha grande , por ése lado si señor. Algunos dicen que se fueron para el lado del Atuel , o los que quedaban por lo menos. Yo lo que sentí , eso no se lo puedo contar con palabras señor. Los había soñado durante noches enteras, los había soñado como quien sueña con muertos, mis noches fueron terribles soñándolos. Las voces de mis sueños retumbaban en los roquedales , se perdían en las sombras de los caldenes iluminados por la luna. Voces, gritos, lamentos que aún quedaban rodando por mi rancho hasta que el sol estaba bien alto, señor. Justo por ahí, detrás suyo por ese bajío pasaron como una procesión de ánimas en busca del infierno. Nada los perseguía pero era como si el mismo Lucifer les pisara los talones. Y yo creo que sí señor, que el diablo perseguía a ésa ...

El individualismo exacerbado.

De todos los males que el neoliberalismo ocasionó a nuestro país y a toda américa latina. La excerbación del individualismo y la perdida de noción de solidaridad es la más grave. Los obscenos indices de pobreza y desigualdad que se ocasionaron en nuestro país y en toda la región de alguna forma son reversibles. O quizás más correctamente pasibles de ser revertidos a través de políticas adecuadas y una más justa distribución de la riqueza. Pero aquí es donde empieza a tallar el "individualismo feroz" en que cayó nuestra sociedad. Tenemos toda una generación que creció mamando el consumismo exacerbado y el salvese quien pueda. Y estos son (de alguna forma somos tambien)los electores de los modelos a seguir. Nos vemos diariamente bombardeados por la propaganda política que nos vende "candidatos" pero ninguna idea. Claro los candidatos son emergentes de esta sociedad individualista y salvaje, ni siquiera ellos tienen ( y es muy difícil que pudieran tenerlo) noción de pr...

Fragmento para compartir de Gallito Ciego

XIX El río y la sedienta segunda parte. Él me miraba desde el sillón. Sus ojos tras las volutas de humo de su cigarrillo. Él me miraba y su mirada parecía lamerme. Sentía el recorrido de la misma sobre mi cuerpo. Con una calidez húmeda que me erizaba. Me contorneaba, pasaba mi mano lenta sobre mi piel mientras me sacaba las prendas. Una a una. Lamida por su mirada de hombre. Alfredo me hizo en silencio el gesto con su brazo derecho extendido hacia delante y su mano trazando un imaginario círculo en el aire. Comencé a darme vuelta de acuerdo a sus deseos. Me privaba de su mirada. Pero yo igual la sentía subiendo por mis muslos y deteniéndose en mis glúteos. A ellos lo que más les gusta es mi cola. Adoro que admiren mi cola. Luego sentí que subía por mi espalda se detenía en mis hombros y anidaba en mi nuca. Con mi mano derecha recogí mi cabello. Para sentirla en mi cuello. Mi corazón latía con fuerza y un rocío de sudor perló mi piel. El deseo como una caricia quemante subía por...

Fragmento de Gallito Ciego para compartir.

XIV El Mago y el cerrajero segunda parte. Los tambores se acercan. Como en Pinar del Río. Los tambores se acercan y se mezclan con el murmullo del agua. Tambores marcados por las mismas cruces que marcan los cuerpos. Vibra en el aire su batir. Huele a sudor de manos que golpean y de cuerpos que danzan. Olor animal. Olor que se confunde con el sonido de los insectos en la noche. Se unen. Olor y sonido. Noche y tambores. Me siento cercado. Las llamas de las teas sacrifícales se mueven en la espesura. Y rayos amarillentos atraviesan el aire formando geodas de luz tapizadas de noche. El palomonte es un rito secreto. El Maestro Negro se deja presentir más que ver. Él puede adoptar muchas apariencias. Humanas, animales, vegetales. El Maestro es un enemigo poderoso. Tiene la llave del inframundo. De los antepasados. De los orishas. Él puede atomizarse en el aire. Convertirse en viento o en bruma. En fuego o en agua. Yo ahora lo presiento. Mientras se acercan los tambores y las te...

Un cuento

Por Gustavo Cresta ( único culpable de esto. Integra “Cuentos Prescindibles”) La espera. Con el aurícular en la mano permanecí quieto un largo rato. Paralizado por lo que había escuchado. Luego, lentamente colgué y me senté en el sillón, debajo de la lámpara, mi sitio favorito para leer. Cerré mis ojos cansados, me quité los anteojos y esperé su llegada. Jimena bajó corriendo las escaleras de la facultad, su pelo castaño, caía en ondas móviles sobre los blancos hombros de su guardapolvo. Sonreía. Sonreía y miraba hacia la plazoleta jalonada de palmeras de Avenida Francia. Yo parado allí la veía, arrobado, encandilado por su belleza. Quieto, esperando. Esperando su abrazo, sentir el perfume de su cuello junto a mi cara y su tibieza. Si, su tibieza suave, que me atraía como un imán. La ví mirar alternadamente el tránsito de Santa Fe y la avenida, parada en el cordón de granito. El viento mecía su guardapolvo desprendido dejando ver su figura y ocultándola nuevamente. Como quien mu...