Un cuento
Por Gustavo Cresta ( único culpable de esto. Integra “Cuentos Prescindibles”) La espera. Con el aurícular en la mano permanecí quieto un largo rato. Paralizado por lo que había escuchado. Luego, lentamente colgué y me senté en el sillón, debajo de la lámpara, mi sitio favorito para leer. Cerré mis ojos cansados, me quité los anteojos y esperé su llegada. Jimena bajó corriendo las escaleras de la facultad, su pelo castaño, caía en ondas móviles sobre los blancos hombros de su guardapolvo. Sonreía. Sonreía y miraba hacia la plazoleta jalonada de palmeras de Avenida Francia. Yo parado allí la veía, arrobado, encandilado por su belleza. Quieto, esperando. Esperando su abrazo, sentir el perfume de su cuello junto a mi cara y su tibieza. Si, su tibieza suave, que me atraía como un imán. La ví mirar alternadamente el tránsito de Santa Fe y la avenida, parada en el cordón de granito. El viento mecía su guardapolvo desprendido dejando ver su figura y ocultándola nuevamente. Como quien mu...