Fragmento para compartir.Las Brumas del Destino

Elena

Cuando la mujer volvió a su casa encontró a Ami en el sillón de la sala con los auriculares puestos, la saludó y cómo ésta no le contestó se acercó levantando uno de los micro parlantes. Ami levantó la cabeza, sonrió y saludó a su madre. Luego de un rato ambas mujeres, madre e hija se sentaron en la cocina a comer tarta de jamón y queso fría y a mirar televisión. Tinelli , estaba imperdible, a la madre le encantaba éste programa, pues afirmaba, le limpiaba la cabeza de tantas broncas que la invadían en su trabajo en la Estación de Servicio. Desde que su marido la había abandonado, por otra mujer más joven , para Elena , el silencio era mal compañero , un acompañante que le acercaba espectros del pasado, que le traía a la superficie de la conciencia viejos pensamientos, que había rumiado durante años y cuyo jugo amargo impregnó cada una de sus células, convirtiéndola en una mujer opaca, descreída y fundamentalmente triste.
Cuando veía a su hija, secretamente envidiaba su juventud, su lozanía , sus ímpetus juveniles. Pero sobre todo envidiaba sus ilusiones, y se decía a sí misma que pronto esa mocosa vivaz, se convertiría en algo parecido a ella , que tarde o temprano la vida le sacaría la silla y quedaría sentada en el fango de la realidad, embadurnada de las miserias y las pestilencias del mundo de los adultos. A cada mariposa la espera su parabrisas se decía, mientras miraba el juvenil rostro de su hija donde los rasgos de su ex marido se expresaban cada vez con más notoriedad. De alguna manera ése maldito recibiría su castigo a través de los sufrimientos femeninos de su hija. ¡ Es muy fácil ser varón pensaba! Como un picaflor, van de planta en planta, no soportan el peso de los hijos en la panza y en la columna, no los paren. No menstrúan. No se vuelven menopáusicos. Al fin de cuentas, pensaba Elena, Dios a sido injusto en la repartición de cargas entre los sexos. ¡Claro si Dios es varón! . Ami miró a su madre , que permanecía callada desde hacía largo tiempo, le tocó el antebrazo con el vaso de gaseosa, ésta le devolvió una sonrisa , casi una mueca. Y Ami sintió una vez más ésa distancia, ése abismo que existía entre las dos y que nunca había logrado comprender, pero que percibía cada día de su vida, desde que tenía memoria.

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