Insight ültima parte.

Amigos publico la última parte de mi cuento Insight. Espero que les haya gustado. Abrazo para todos y gracias por su paciencia.

Insight ( Última parte)

Porque yo, ni siquiera pronuncio palabras sin sentido, muchas veces en mis largos períodos de silencio, mi inconsciente, con esa vocecita suave pero persistente que tiene, me tentó a decir cualquier palabra sin sentido. A gritar por ejemplo desde el balcón ¡Madagascar! O ¡Onomatopeya! O cosas por el estilo. Pero yo, con esa voluntad de la que el ojo carece, me negué. Tomé real posesión de mi yo y no permití otra expresión que no sea la de mi voluntad conciente. En cambio el ojo no puede dejar de mirarme desde el espejo, y no puede dejar de juzgarme. Porque el ojo mira y juzga. Que si solo mirara, vaya y pase. Pero no, ¡mira y juzga! Como ahora que a comenzado a ponerse rojo y es de vergüenza por lo que yo estoy haciendo. Se avergüenza porque soy el biógrafo de Clara Rosario Perdulari, la escritora de autoayuda. Yo me sonrío y lo dejo que me mire. Y muevo la cabeza en forma casi imperceptible para demostrarle una cierta superioridad. Mientras él estuvo casi oculto totalmente por el parpado amoratado, yo leí, con su ayuda es verdad, todas las obras.
Y ahora estoy en condiciones de comenzar mi obra. Pues lo que mi ojo no entiende es que lo que importa no son las obras de Perdulari, ¡sino mi obra!
Porque mi obra será perfecta. Tendré que organizarme bien es cierto. Investigar su pasado. Ya fui al padrón electoral y conseguí su numero de documento, fecha de nacimiento etc. Su acta de nacimiento no me fue ni difícil ni excesivamente costoso conseguirla, como tampoco de acuerdo al domicilio de sus padres averiguar donde cursó sus estudios y demás. Alternar la realidad con un poco de fantasía, alternar su vida con una crítica de su obra mediocre. Toda la estructura de mi obra estaba en mi mente como nunca había estado ninguna otra. Y así fue como luego de recolectada la información necesaria, comencé a escribir. Mi otra preocupación era su posible viaje al exterior, cuya duración y destino yo ignoraba. Esto era como una espada de Damocles que pendía sobre mi cabeza. Por lo tanto cree una pequeña red de informantes en las compañías de turismo, en el aeropuerto de Fisherton, en las principales líneas de colectivos que partían hacia Capital Federal, en ello invertí gran parte de mis ahorros , pero era indispensable para mis planes tener esa información . De lo contrario todo podía desmoronarse como un castillo de naipes. Y esta vez no sabía si podría resistir la frustración de una nueva cancelación. Escribía hasta 14 o 15 hs diarias, había logrado un certificado médico apócrifo para no ir a trabajar en los últimos 4 meses y pensaba seguir de la misma forma hasta terminar con mi obra. Los controles eran sorpresivos y frecuentes. Pero eran también la oportunidad para inmediatamente luego de producidos poder salir a recorrer personalmente mis contactos, lo que era mucho mejor que hacerlo por teléfono. Mi biografía ya estaba prácticamente terminada, cuando me enteré que la Perdulari había entregado el disco compacto de su último libro en la Editorial del Cardal, para sus últimas correcciones y publicación. Sabía que mis plazos eran ahora tangiblemente exiguos. Pero a la biografía le faltaban muy pocas páginas y la crítica intercalada ya estaba terminada. Solo faltaba las últimas que necesariamente deberían ser escritas después. La obra, mi obra sería perfecta y para ello debería ser inmodificable. Debería concluir. Solo las estatuas se parecen siempre a sí mismas. Podemos sacarles una foto y estar absolutamente seguros que no variara con respecto a otra que saquemos años después. En cambio las personas nunca se parecen a si mismas, una foto de alguien hoy seguramente será distinta otra que obtengamos mañana. Incluso desde un aspecto que para mí es absolutamente secundario, como es el comercial. Las figuras se agigantan cuando están definitivamente concluidas, como los edificios. Como las grandes obras de la humanidad. Ejemplos de ello son Gardel, Gilda o Rodrigo entre los cantantes argentinos, o Jimmy Hendrix , Jim Morrison, Freddy Mercury o Jhon Lennon por caso. O tipos como Rindt , Villeneuve o Senna. Y podría seguir nombrando, sin temor a que algún desprevenido me tache de necrófilo. Pues las vidas concluidas son las únicas perfectas, iguales a si mismas, inmodificables. Condición sine qua non para que mi obra sea perfecta. Las últimas hojas serán escritas postmorten. Por eso antes de ir a buscarla me parare frente al espejo, quiero sorprender a mi ojo. Esta vez será la pira funeraria del fracaso, no del proyecto. En el momento que todos los diarios de la ciudad anuncien su muerte, yo llevaré mi biografía a la Editorial. Yo debo poner el último ladrillo en su edificio, para que sea perfecto y arrojar un puñado de tierra sobre su féretro. He decidido estrangularla porque de ésa forma me aseguro que no hable mientras agoniza. No lo soportaría, y no quiero violentarme.

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